sábado, 22 de octubre de 2011

KRASNY BOR

La madrugada del diez de febrero de mil novecientos cuarenta y tres pareció que el mundo se terminaba.

Alrededor de las trincheras caían los proyectiles de la artillería rusa y nosotros solamente podíamos agazaparnos dentro del hoyo, rezándole a la Inmaculada y a Cristo Bendito para que nos protegiese de la lluvia.
Porque aquello era una lluvia de metralla y de fuego... Y llovían los pepinazos en cadencia de un cebolletazo cada diez segundos.
De postre estaban los cohetes, los "Katiusa", que te helaban la sangre en las venas cuando oías salir los proyectiles del tubo produciendo un silbido infernal.

Tres horas estuvo lloviendo. Tres horas.

Cuando la última de las bombas estalló un cuarto de los camaradas estaban muertos o heridos, tirados aquí y allá, enteros o por trozos. 
Las flamantes defensas, pozos de tirador y blocaos no eran más que montones de nieve y tierra removida, con los cañones anticarro asomando retorcidos e inútiles, la munición ardía desparramada por doquier y los artilleros estaban hechos pedazos alrededor de los cañones destrozados.
De pronto entre todo el caos, toda aquella sangre y todo el miedo que teníamos metido en los huesos, los oficiales y los sargentos que quedaban vivos empezaron a dar voces, cagándose en todo cubiertos de la tierra empapada por la sangre de sus hombres:

- ¡Qué vienen! -decían- ¡Qué vienen…! ¡Vamos a recibir como se merecen a esos hijoputas…!

La verdad es que teníamos ganas de que se acercasen.

¡Venid, venid, ya veréis qué divertido!, porque aquí no vais a encontrar a los alemanes, aquí estamos los bajitos, morenos y con muy mala leche de los españoles. 
¡Sí, los de la Furia...!

Y vinieron, claro, por millares.

Cuatro Divisiones completas de Infantería, calculando a ojo unos cuarenta mil hombres con más de cien carros de combate que les hacían compañía y les prestaban apoyo.
Los temibles "T-34" y los enormes "KV-1", toneladas de acero soviético que se lanzaban contra ti a sesenta kilómetros por hora…

¡Te cagabas y te meabas…!, pero aguantabas, ¡qué remedio!, porque estaban a tu lado Paco, Pepe y Manolo, igual de acojonados que tú pero sin demostrarlo tampoco, todos disimulando...

Por el frente que ocupábamos los españoles en el cerco de Leningrado -¡pobre gente!- entre los pueblos de Alexandrova y de Krasny Bor, resulta que habían decidido iniciar su ofensiva los rusos.

¡Qué suerte la nuestra, oye!

Se pensarían los rusos, igual que se pensaban nuestros aliados alemanes, que los españoles tan solo sabíamos tocar guitarras, bailar flamenco, torear y montar fiestas de agárrate y no te menees…
¡Pues se iban a enterar!
Y se enteraron.

Desde todos los rincones sobre el avance ruso, desde atrás, los lados y el frente, aparecieron pequeños grupos de supervivientes del bombardeo, restos de Compañías o de Batallones que atacaban y masacraban todo lo que se les ponía por delante, más duros que el pedernal y jamás se rendían. 
Dos tíos y una ametralladora conseguían frenar y detener a los temidos esquiadores siberianos.
Los rusos no daban crédito, porque cuando bombardean así, a lo bestia, lo normal era que de los defensores apenas quedase nadie con vida, y el que quedaba, solía acabar tan desorientado y tan aturdido que apenas podía defenderse.

Pero resultaba que aquellos españoles no eran así, porque tras el vapuleo artillero habían salido de los agujeros, habían montado las ametralladoras sobre los escombros y peleaban, mataban y morían, tan impasibles y valientes, que daba pavor verlos pelear.
Una carnicería de bayonetazos, cuchilladas, mordiscos y tiros a quemarropa que casi siempre ganaban los rusos -que eran una inmensidad de uniformes pardos- pero a costa de muchas bajas. 
Porque matar a un león nunca resultaba fácil.

Los españoles íbamos cayendo defendiendo cada posición y cada recoveco. Caíamos por docenas pero nuestros enemigos caían por cientos y empezaban a entender y a diferenciar una cosa de la otra…

- ¡Estos no son los alemanes, mucho ojo, Dimitri…!

La batalla seguía…

En algunos puntos el avance ruso consigue penetrar tres kilómetros en el frente que cubren los españoles para después quedar detenido en seco. Detrás de ellos han quedado muchas bolsas de resistencia repletas de aquellos soldados que llevan el trazo rojigualdo en el brazo manchado de sangre y de barro, soldados que vuelan por los aires, aún sacrificando su propia vida, como hizo el Cabo Ponte, usando granadas y minas magnéticas los carros enemigos, soldados que llamando a voces a un tal Santiago se iban abriendo paso, a sangre y fuego, a través del cerco soviético.

En el camino hacia las nuevas líneas vamos encontrando los cuerpos hechos pedazos o cosidos a bayonetazos de docenas y docenas de compatriotas, que habían convertido los embudos de artillería en bastiones y los pozos de tirador en fortalezas.
La imagen resulta estremecedora y se mezclan por dentro el orgullo y la pena.

En cada embudo los cuerpos de los españoles caídos y a su alrededor cientos de rusos acribillados.
Tomar cada posición ha resultado desmedidamente duro… Y embudos y posiciones los hay a docenas repartidos por todo el frente.

La gran ofensiva rusa ha tenido que detenerse al chocar contra aquel muro de españoles que, bombardeados y masacrados sin compasión, se habían tornado más peligrosos y letales todavía.
Daba igual que en las posiciones quedasen uno, o dos, o tres, o cien hombres… Disparaban, arrojaban granadas, y peleaban como jabatos hasta que caían todos muertos.
Los Generales rusos ya se veían exiliados en Siberia porque su espectacular ofensiva para romper el cerco de la ciudad había fracasado gracias a la valerosa obstinación de cuatro mil y pico españoles.
Estalin estaba que se subía por las paredes de su Dacha de Kutsevo mientras ordenaba redactar nuevos listados para llenar los Gulags:

- ¿No decían los informes que los Ispansi retrocederían y huirían como ratas... Coronel Petrof...?


- ¡Glups, glups...! Sí, Camarada Secretario…

- Entonces… ¿A qué se debe semejante 
escabechina?

- Es que están todos locos Camarada. Después del bombardeo, ya sabe el Camarada Secretario que de artillería andamos sobrados, los que quedan con vida, en vez de escapar corriendo, pues resulta que no… Salen los tíos cubiertos de polvo, de las tripas y de la sangre de sus compañeros caídos, da mucho miedo verlos venir, camarada… Se lían los tíos a tiros, a cañonazos, a mordiscos, a patadas a "puñalás"- como ellos dicen- en definitiva a matar como enloquecidos a nuestros pobres infantes, a destruir nuestros tanques como descosidos y a decirnos unas barbaridades que ni un minero de Bielorrusia… Hasta cuando retroceden lo hacen de cara y sin perdernos el frente, y cada uno de ellos que cae, Camarada Secretario, arrastra con él a dos o tres de los nuestros…


Han pasado unos cuantos años desde la batalla de Krasny Bor. Hoy se la conoce -el que la conoce- porque allí murieron dos mil y pico españoles y otro millar largo fue herido. 
A unos trescientos prisioneros se los llevaron de visita turística a Siberia y sus afamados balnearios.
Los revisionistas, los revanchistas y los modernos historiadores dicen que allí nos masacraron y que los alemanes utilizaron a la División como carne de cañón... Pero todo eso no es importante.
Lo importante, lo olvidado y lo mancillado como si fuese algo vergonzoso, cuando es al contrario, motivo de orgullo, es el acto de resistencia y de valor a toda prueba que realizaron aquellos compatriotas.

De aquí que no pasen, les dijeron. Y no pasaron.

La valerosa y enconada resistencia española detuvo la ofensiva soviética, a costa de dos mil muertos y de cientos de heridos. A costa de mucha sangre española. Pero detuvieron una ofensiva soviética como las que no había logrado detener nadie en toda la guerra.

Once mil bajas tuvieron los rusos y el ochenta por ciento de sus carros fueron destruidos o inutilizados.

¡Casi ná, compadre!

Después de la batalla de Krasny Bor los soviéticos se limitaron a bombardear a base de Artillería y Aviación.
De lejos, para ver si así se ablandaba un poco la cosa española. Sin atreverse a lanzar ninguna otra ofensiva. Escarmentados:


-¿Quién ocupa el frente, Boris…?

- Los españoles, Vladimir. ¿Atacamos...?

- No, no, quita, quita, vamos a esperar un poco que parece que los van a repatriar...

- ¡Gracias a San Jorge Bendito…!, perdón, perdón, camarada, ¡qué patinazo!, gracias al camarada Estalin...

 A.Villegas Glez.    2011



Imagen: Un divisionario planta la Cruz sobre la tumba de un camarada caído. Krasny Bor, 1944



18 comentarios:

  1. ME HA GUSTADO MUCHO, PURO ESTILO PEREZ-REVERTE
    ANIMO. A SEGUIR ESCRIBIENDO.....

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  2. Muy bien, puro estilo Perez-Reverte.
    Animo, y a seguir escribiendo...
    Miguel

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  3. QUE ORGULLO.....VIVA LA DIVISION AZUL

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  4. Graciasor contar estas historias

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  5. En todos los frentes con la cabeza alta

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  6. Me ha encantado el relato.

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  7. Joaquin Miguel Lorca8 de julio de 2014, 12:07

    El hermano de mi abuela estuvo allí y fué de los que desaparecieron en los "balnearios siberianos". Hace poco conocí su historia de forma mas técnica gracias a un libro de la división azul donde uno de los capítulos narra su historia. Pero he disfrutado mucho más tu narración , ya que sin duda está contada con la misma pasión con la que ellos lucharon. Muchas gracias

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  8. Me ha encantado y lo lastimoso de nuestro país es que nunca recuerda a sus buenas gentes que defienden sus colores , estandartes , su patria somos la ostia en solo eso envidio a los americanos.

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  9. ¡Los pelos de punta!

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  10. Buenos días

    Estupendo relato, pero por desgracia es un pasaje de nuestra historia muchas veces manipulado por golfos y oportunistas para justificar lo injustificable bien por un lado o por otro.

    Si algo deja bien claro este episodio de nuestra historia, es que no hay nada mas peligroso que acorralar a un español, muchos canallas y sinvergüenzas que nos gobiernan deberían recordarlo.

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  11. increíble.... simplemente gracias!

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  12. Resistencia, coraje, garra, nunca darse por perdido, son los adjetivos del soldado español durante su historia.

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  13. Me encantó, creo que es unánime, QUEREMOS MAS!!!! Gracias vuecencia!!!

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  14. Con tu casta y tu estilo (no estoy de acuerdo con la remembranza del de Pérez-Reverte, que tampoco es malo) has dado, en estos dos últimos días, una lección de toreo por naturales. Y, además, mandando, con poderío y dominando al bicho. ¡Olé tus cojones!

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  15. Ni a Don Blas de Lezo, los heroes de Filipinas, los heroicos divisonarios ni los paracas de Ortiz de Zarate en Sidi Ifmi quieren que recordemos, honor para nuestros heroes! Orgulloso de ser Español y avergonzado de los sucesivos gobiernos de los ultimos años.

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  16. "Con mi canción
    la gloria va
    por los caminos del adiós,
    que en Rusia están
    los camaradas de mi divisió.." (Canto de la División Azul)
    A las tres de la tarde, un soldado entró en el búnker: "De parte del capitán, que salgási todos; estamos hechos prisioneros." Los 25 heridos salimos y encontramos a otros 18 hombres con las manos en alto con el capitán Palacios al frente. Nos mandaron formar e hicieron un simulacro de fusilamiento pero sólo se tiraron como fieras sobre nuestros relojes y toso lo que llevábamos...Enseguida comenzaron los interrogatorios, con las traducciones de un español enrolado en el Ejército soviético. todo el afán del coronel ruso era saber qué armamento usábamos, hablándonos incluso de un arma secreta de Hitler. "Dice el coronel que habéis causado 14.000 bajas, y eso es imposible con ametralladoras y fusiles mauser corrientes".
    "Es difícil poder imaginar a soldados más valientes. A duras penas se ponen a cubierto, desafian a la muerte. Sé, en todo caso, que nuestros hombres están contentos cuando tienen a los españoles por vecinos de sector" (A. Hitler)
    QUE LOS CAMARADAS QUE PARTIERON HACIA RUSIA SEAN NUESTRO EJEMPLO. VIVA ESPAÑA

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  17. El hermano de mi abuela estuvo allí y volvió, jamás pudo decir lo que vio y vivió, solo decía que el no fue voluntario, que cortaban la mantequilla con la balloneta y que jamás vio tanta sangre..... en su vida

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