viernes, 9 de diciembre de 2011

UNA BICOCA

La palabra Bicoca en español significa Chollo o cosa que se gana sin demasiado esfuerzo.
Nuestro idioma se ha enriquecido a lo largo de los siglos con palabras y términos de muy diversa procedencia. Así los extranjerismos se adaptan y con el tiempo son reconocidos por académicos y lumbreras y, una vez asimilados, pasan a ser cosa nuestra.
Esto le sucede a la palabra bicoca que procede del barrio milanés del mismo nombre: Bicocca.



Hace quinientos y pico de años -en 1522- era un bonito y pintoresco pueblo alejado pocos kilómetros de Milán.
Prospero Colonna se había enrocado y atrincherado en el pueblo plantando defensas fuertes y bien guarnecidas en espera del ejército gabacho.
los mercenarios suizos al servicio de Francia se empeñaron en asaltar las defensas españolas.
Llevaban los suizos sin cobrar un doblón desde que llegaron a la Lombardía y pretendían saquear el campamento imperial para resarcirse a costa de los españoles. 
Estaban segurísimos de que los iba a arrollar y a aplastarlos como a hormigas...

¿Arcabuces -decían- quién los teme...?

Y se reían, arrogantes, seguros de sí mismos y cegados de orgullo. 
Eran la infantería más temida y famosa.
Los impenetrables cuadros de piqueros suizos habían arrollado y aniquilado a sus enemigos por toda Europa.

Por eso la mañana del veintisiete de abril salieron de su campamento y formaron en dos enormes cuadros. 
Las malas lenguas aseguraban que entre los suizos había surgido la competencia y que sus capitanes habían apostado entre ellos sobre quién sería el primero en llegar y hacer pedazos las líneas españolas.

La masa humana resultaba impresionante. 
Con las largas y afiladas picas sobre el hombro avanzando impasibles al ritmo del tambor que retumbaba en cada estómago mientras marchaban impertérritos contra el pequeño muro de piedra que defendían los arcabuceros españoles, que estaban agachados, bala en caño y cuerdas encendidas esperando pacientes a que los suizos se arrimasen, todavía más, justo hasta el alcance de las bocas negras de sus arcabuces...

Primero la artillería imperial abrió boquetes en los cuadros suizos. 
Las balas de cañón segaban miembros y cabezas, demasiado lejos todavía, como para tirar con metralla. 

¡Gracias a Dios...!-empezaron a pensar los suizos.

Unos mil poco más o menos se quedarían atrás muertos o mutilados, pero los cuadros se rehacían y seguían avanzando. Eran valientes los suizos. Valientes y temerarios.

Los que consiguieron alcanzar el terraplén que había justo delante del muro de piedra que defendían los españoles cargaron con saña y ferocidad gritando cada cual en el idioma de su Cantón.
Entonces fue cuando se asomaron sobre el muro los barbudos, impasibles y certeros arcabuceros españoles. 


La primera escopetada fue terrorífica y los suizos cayeron como naipes de una baraja.
Y detrás de la primera manga de arcabuceros, había otra, y luego otra... 

Así hasta contar tres mil bocas de fuego disparando, recargando, rompiendo las llaves y gastando más plomo que un fontanero.

Los suizos caían como patos en mitad de la humareda y de los alaridos horribles que daban los desgraciados a los que la pelota de plomo había arrancado un brazo o una pierna.
En mitad de todo el desbarajuste había cientos de picas suizas desparramadas por el suelo. Inútiles...

Durante media hora larguísima los suizos aprenderían la lección. Ellos y Europa entera.

A partir de aquella batalla ningún General entraba en batalla sin contar con arcabuceros entre sus filas.

Y en España la palabra bicoca adquirió un significado nuevo y glorioso.

 A. Villegas Glez. 2011

Imagen: Batalla de Bicoca. 27 abril 1522


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