domingo, 6 de julio de 2014

LA HISTORIA DE LA 13ª DEMI-BRIGADE

En el mes de febrero de 1940 se creaba la 13ª Semi-Brigada, (Demi Brigade en gabacho), alistándose sus componentes entre las ciudades de Fez en Marruecos y Sidi bel Abbes en Argelia, en ésta última estaba ubicado el Cuartel General de la Legión Extranjera Francesa.
La formarían unos dos mil efectivos y casi la mitad de ellos serían compatriotas que se habían exiliado a las colonias africanas francesas al finalizar la guerra en España.

Desde el primer momento se distinguieron del resto de legionarios por su camaradería y unidad, por la defensa a ultranza -con razón o sin ella- de cualquier paisano y se convirtieron, aquel millar de españoles, en una familia apiñada que defendía con uñas y dientes sus raíces y su tierra, a despecho de los ingleses, los franceses, los alemanes, los italianos y la madre que los había parido a todos, ya que todos despreciaban por igual a aquellos pobres y miserables españoles.
Eran, como es natural, indisciplinados, vocingleros y orgullosos hasta la arrogancia pese a la derrota y a la miseria, extremadamente valerosos, atrevidos y con más experiencia en combate que ningún otro contingente de los que formaban la heterogénea semibrigada.

Así en muy pocas semanas de instrucción y convivencia la 13ª DB estaba impregnada por un marcado carácter español.

Durante las noches de campamento se podían escuchar el rasgar de las guitarras y las palmas que batían, alegres y festivos, aquella cuadrilla de españoles que no dejaba dormir a nadie.
Los disciplinados y rígidos Sargentos de la Legión se tiraban de los gabachos bigotes porque aquellos españoles -hideputas- se pasaban las órdenes y las disciplinas legionarias por el forro de los cojones, y encima, los oficiales no se lo reprochaban ni les castigaban por ello, al contrario, les reían las gracias porque durante la instrucción cambiaban el cachondeo por la eficacia y nadie era capaz de mojarles la oreja.

Por aquellas fechas llegó la noticia de que los rusos habían invadido Finlandia, y Francia, fiel a sus acuerdos con el país báltico, ordenó que la Semi Brigada se preparase para afrontar aquella difícil misión.
La 13ª se trasladaría a la metrópoli, concretamente al pueblecito de Abelly, que estaba a los pies de los Alpes, para recibir la instrucción adecuada en el combate en la nieve, también los soldados, que venían de la calurosa África, se irían aclimatando al frío y las ventiscas:

- Oye Paco…
- ¿Qué...?
- ¿Tú no eras comunista..?
- Si… ¿Por qué…?
- Pues porque vamos a pelear contra los rusos que son la madre de todos los comunistas.
- ¿Y qué…?, ¡Qué se jodan los rusos…!

Pero no quiso el destino que tal cosa sucediese, porque antes de que la Brigada estuviese preparada los fineses y los rusos firmarían el armisticio.
El mando aliado decidió entonces enviar aquel Cuerpo Expedicionario a Noruega, con la misión de ocupar el puerto de Narvik para impedir así que el mineral de hierro sueco llegase a Alemania y que ésta lo convirtiese en letales submarinos, panzers y estukas. 

La 13ª DB formaría parte importante del contingente aliado que desembarcaría, a primeros del mes de mayo, en los fiordos noruegos.


La operación se convertiría en el primer desembarco anfibio, bajo fuego enemigo, de la Segunda Guerra Mundial -que estaba en pañales- pues resultaba que los alemanes se habían adelantado a las intenciones aliadas y se habían comido con patatas a los daneses y a los noruegos, convirtiendo el puerto de Narvik en un avispero de cañones del ochenta y ocho y de ametralladoras emegé.
La artillería, las ametralladoras y la aviación alemana machacaron sin tregua a las tropas aliadas que desembarcaban, a los barcos de los que salían los soldados y a todo lo que se movía que no iba vestido de gris “feldgrau”. 

A los españoles les tocaría en suerte el sector del pueblo de Bjerkvik. 

Desembarcaron los nuestros con impasible frialdad en mitad de la escabechina y del horror, con barcazas de desembarco que estallaban en mil pedazos, en mitad de trozos de cuerpos que había por todos lados, con las balas aullando a su alrededor y los bombazos de los morteros, los cañones y la aviación explotando por doquier, bajo el aullido infernal que producían las sirenas instaladas en los eficaces bombarderos en picado JU-87, que machacaban y machacaban las posiciones aliadas dando pasadas rasantes que repartían el acero ardiente y las balas de gran calibre entre las tropas aliadas.
Los españoles serían de los primeros en conseguir descargar todo el material y en escalar los acantilados buscando el contacto con los alemanes:

- ¡Venid “pacá” hijosdelagranputaaaaa...!

Mientras avanzaban bajo el fuego iban muriendo con la nostalgia de España hundida en el alma. 

Detrás suyo no dejaban reducto o nido de ametralladora sin arrasar.
Seguía su estela un Regimiento francés que no se podía creer que no quedase un solo soldado alemán con vida por dónde habían pasado aquellos retacos morenos que cargaban dos huevos más grandes que el Arco del Triunfo de París:

- ¡Ahora me explico lo de Bailén, Gastón…!

Las cotas y posiciones defensivas que habían ocupado los alemanes fueron rebasadas por la horda española que avanzaba como la segadora contra el trigo. 
El pueblo de Bjerkvirk se tomaría a la bayoneta.

Los primeros españoles llegaron sin aliento hasta lo alto de los picos que enmarcaban la ciudad y allí arriba se encontraron con los componentes de la resistencia noruega que les gritaron en vikingo que: ¡olé sus cojones meridionales!, pero que, ahora, había que tomar el fortificado puerto de Narvik.

Los españoles de la 13ª fueron otra vez los que iban en vanguardia pasando a cuchillo a los defensores y tomando la ciudad, a purititos huevos, el día veintiocho de mayo de 1940.
Sin embargo tanto esfuerzo y tanta sangre no servirían, a la postre, para nada.
Mientras se peleaba en Noruega los alemanes arrollaban a los belgas, a los holandeses, a los franceses y les daban una soba tremenda al Cuerpo Expedicionario Británico, que no hacía otra cosa que correr y correr con el rabo entre las piernas buscando el agua del Canal para poder regresar a su inexpugnable isla.
La maquinaria de guerra alemana resultaba imparable.


Los oficiales franceses de la Brigada lloraban y pataleaban sin poder creerse que su patria -en tres escasas semanas- estuviese derrotada, hundida y humillada. 
Pero así era.
Los españoles se miraban unos a los otros con guasa muy mal disimulada:

- Al final les tendremos que sacar las castañas del fuego a los gabachos, ya veréis…
- ¿Os imagináis que fuésemos nosotros los que liberásemos París…?
- Si claro y cantando el ¡Ay, Carmela…!, ¡No te jode!
- ¡JAJAJAJAJAJAJAAJ!

El día siete de mayo los últimos españoles abandonarían Noruega y serían llevados al llamado “Reducto Bretón”, en dónde se pretendía resistir a los alemanes a ultranza, al menos aquel era el plan, pero, en vista del desastre y la debacle del ejército y del gobierno francés, se decidió que lo mejor era pedir el armisticio a los alemanes.

La 13ª conseguiría embarcar casi al completo en los barcos ingleses que llegaron a Dunquerque. 
Supongo que la ancestral virtud española de buscarse la vida en cualquier circunstancia tendría mucho que ver con el hecho de conseguir meterse en un reembarque en el que no había billetes para todos, y menos para unos españoles zarrapastrosos.

Los franceses tras aquellos sucesos, demoledores para su chauvinismo, quedarían divididos entre los seguidores del General Pétain y el colaboracionismo -que hasta colaboraría en convertir en humo a millones de personas- y del joven e intrépido general De Gaulle y la resistencia contra el invasor.
Muchos franceses optarían por expatriarse de Francia hacia las colonias africanas y al cabo allí acabarían peleándose entre ellos.

En noviembre del año cuarenta la 13ª participaría brillantemente en la toma de Libreville, en el Camerún, que le arrebataron a las fuerzas francesas leales a Vichy.
En 1941 se creaba la "Brigada de Oriente de la Francia Libre", uniéndose elementos de la 13ª DB y del Regimiento de Marcha del Chad, en el que, por cierto, también había encuadrados docenas de españoles.

La Brigada de Oriente lucharía
 en Eritrea contra los italianos y en los terribles combates que se sucedieron en la línea ferroviaria que unía las ciudades de Keren y Asmara.
Las pérdidas serían espeluznantes pero los españoles seguirían distinguiéndose en todos y cada uno de los combates. 
En abril de aquel mismo año lograría la Brigada tomar la ciudad de Keren y el puerto de Masawa, finiquitando la campaña y disolviéndose la Brigada de Oriente.

Los españoles de la 13ª serían entonces enviados al frente de Palestina. 
Allí entrarían a formar parte de una nueva unidad: la 1ª División Ligera, que tenía como objetivo tomar Siria y el Líbano.
Se dio una curiosa circunstancia que dice mucho de nuestro carácter, en aquel frente, encuadrado en el bando de Vichy, había un batallón de la Legión Extranjera que estaba compuesto en su mayoría por españoles… 
Casi todos se pasarían al bando "gaullista" por el solo motivo de no tener que combatir contra sus compatriotas. 
Tras una durísima campaña los de Vichy se rindieron en San Juan de Acre. 

La 1ª División Ligera sería disuelta y nacería la 1ª Brigada Francesa Libre comandada por el general Koening, que contaría entre sus filas con los tres Batallones que quedaban de la 13ª DB, a las que se sumarían soldados marroquíes, argelinos y de Nueva Caledonia.

En la Navidad de 1941, integrados en el octavo Ejército Británico -el del general Monty- los españoles lucharían contra las aguerridas tropas del África Korps en el frente de Gazala.

El día catorce de febrero de 1942 la Brigada de Koening recibiría la orden de ocupar y defender la posición de Bir Hakeim, que era solamente un viejo pozo seco en el que no había más que arena y cuatro piedras con las que protegerse del fuego enemigo. 


Se plantaron miles de minas y se excavaron refugios, se calibraron los cañones anticarro y se esperó a los alemanes bajo el tórrido sol del desierto:

- ¡Jozú que caló, Paco!
- ¡Como en Écija, compare, como en Écija…!

Los primeros que llegaron el día veintisiete de mayo fueron los italianos de la División Ariete, que se lanzaron sin dudar, valientes y decididos, contra las posiciones defensivas aliadas.

Pero los espesos campos de minas y el continuo y certero fuego que se hacía desde las baterías de setenta y cinco milímetros, los detendría en seco.
Aquellos cañones anticarro estaban servidos, en su mayoría, por artilleros españoles. 

Y españoles fueron los que se lanzaron, bravos como siempre había sido su raza, contra los carros italianos que habían logrado colarse dentro de la posición:

- ¡Como en Madrid camaradas!- gritaban mientras lanzaban cócteles molotov o se encaramaban encima de las torretas  y metían los fusiles por los huecos o arrojaban granadas dentro: ¡Granata!, se escuchaba, y luego ¡BUUM!, y ya no se escuchaba nada más.

El recital español de Bir Hakeim lo llamaron los estupefactos y admirados compañeros de la Brigada. 


Al acabar el combate todos los carros italianos estaban ardiendo y se habían capturado a más de cincuenta “tifossi” ahumados y chamuscados.
Pero la batalla no había hecho más que empezar…

Los defensores de la posición resistirían como jabatos todos y cada uno de los envites del Zorro del Desierto, permitiendo con su tenaz resistencia que los ingleses se replegasen con seguridad y tranquilidad.
Rommel lanzaba contra Bir Hakeim todo lo que tenía ya que no podía continuar su avance sin aniquilar aquella posición, puesto que sería una locura dejarse detrás de sus panzer a tres mil enemigos -un tercio de ellos españoles locos- con ganas de fastidiarle la victoria.

El diez de junio el mando aliado autorizaría a Koening el repliegue de sus tropas. 
Si podían romper el cerco alemán claro… 
Para lograrlo se ideó una estrategia desesperada.

Las Bren Carriers, de fabricación inglesa y que eran cacharros fiables, duros y armados con una ametralladora o un cañón, se lanzarían en una carga como las antiguas, las de caballería de toda la vida, o sea “galopando" a todo tren contra las posiciones artilleras y los pozos de ametralladora alemanes, al tiempo, la infantería saldría de sus agujeros a la bayoneta calada y cada cual que se buscase la vida.

La noche del diez al once de junio rugieron los motores de los vehículos ante el pasmo y la sorpresa de los alemanes. 

Los defensores de Bir Hakeim iniciaban su valeroso repliegue.
La mayoría de los conductores de las Bren Carriers eran españoles y muchos de ellos morirían abriendo paso a sus camaradas.

Dos mil y pico hombres, en un reguero que duraría semanas, irían llegando a la zona inglesa, algunos eran bajitos, morenos y tan renegridos de sol que parecían moros. 

Llegaban los tíos cantando alegres y discutiendo a voces entre ellos, voces y risotadas que espantaban a las hienas del desierto:

- ¡Spaniards…! -decían 
despectivos los ingleses  al verlos llegar.
- De Bir Hakeim que venimos, picha… ¿dónde estabas tú, rubio?

Después llegaría la batalla de El Alamein y el paso a Italia en el año cuarenta y cuatro.
Los españoles combatieron contra la fortificada Línea Gustav. 

Hay crónicas que dicen que fueron unos españoles de la 13ª DB los que se dieron un garbeo por las todavía ocupadas calles de Roma pese a la prohibición del mando aliado.
Órdenes que aquellos españoles se pasaron por el forro. Seguro que se llamaban Paco, Pepe y Manolo y que con ellos iba algún François:

- ¡Madre mía estos espagnoles me van a buscar la ruina…!

Aunque la verdad era que cada vez quedaban menos españoles en la 13ª. 

Muchos se habían ido quedando por el camino y otros habían cambiado la Brigada por la flamante División Leclerc, en la que a una de sus Compañías se la conocía por: "La Nueve", así en el idioma de Cervantes.

La 13ª DB desembarcaría en la Provenza, cruzaría el norte de Italia, pisando parte del viejo Camino Español, internándose en la Francia ocupada río Ródano arriba.

Muy cerca de la ciudad de Valence habría un emocionado encuentro entre los españoles de la Brigada y los españoles que combatían entre las filas de la resistencia francesa, formada en buen número por españoles.

El avance continuaría luego hacia Alemania, siempre con los españoles distinguiéndose en los combates como los que hubo en la bolsa de Colmar o el en el paso del Rin.

Al acabar la guerra en Europa algunos de aquellos compatriotas seguirían pegando tiros en Indochina y se les vería en las lomas que defendían Dien Bien Phu.

Esta es la historia de aquellos españoles que lucharon y murieron lejos de su patria con la nostalgia de España en la boca, y de los que, igual que de los Divisionarios que fueron a Rusia, me siento tremendamente orgulloso, pues todos ellos -rojos y azules- mientras peleaban por la razón que fuese llevaban 
por delante y con extremo orgullo su título de españoles.

Y como tales lucharon allí en dónde los pusieron, dejando claro a los franceses, a los alemanes, a los ingleses y a todo el que les vio pelear la razón por la que, durante ciento cincuenta años, los habíamos tenido a todos bien cogidos por las pelotas.

© A.Villegas Glez. 2012


Imagen: Cementerio aliado en Narvik. Cuajado de tumbas con nombre español.









4 comentarios:

  1. Que linda historia, podrias profundizar un poco más, me quedo con gusto a poco. Mi padrino, como oficial del 1REC en indochina, le tocó comandar a muchos de estos rudos españoles,,,,,,,

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  2. y despues del desastre de dien bien fu, para Argelia se los llevaron, algunos de ellos regresaron a Espana y se instalaron en la manga del mar menor, tenian un bar "Borsalino" que era su punto de reunion.

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  3. Una gran historia de estos españoles que dejaron bien en alto su bandera y su raza, su valor y sus cojones, , me interesa la historia de las cruzadas,la historia de los Tercios de España , en fin la historia de España a traves de sus hijos mas valientes, un saludo de un peruano que admira vuestra historia.

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  4. Gran trabajo de documentación, como siempre estas proezas se encuentran olvidadas, menos mal que hay gente como tu, las sacáis del olvido para darles justo reconocimiento, gracias por sacar a la luz estas historias de estos héroes.

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