domingo, 7 de junio de 2015

BARRETINAS ROJIGUALDAS

El viento gélido arreciaba mientras las turbonadas de polvo de nieve creaban pequeños ciclones que helaban, más todavía, la helada superficie de la isla. 
Los dos centinelas de la torre norte del Fuerte de San Miguel se apretujaban el uno contra el otro intentando compartir el poco calor que sus cuerpos producían:

- ¡Mare de Deu, hace un frío de dos pares de cullons, Jordi…!
- ¡Qué me vas a contar Xavi!, se me ha congelao hasta la barretina oye…
- ¿Sabes qué me zampaba ahora mismo?
- ¿El qué…?
- Una escudella bien calentita...
- ¡Nos ha "jodío" el payés...!, pues como no le eches butifarra de búfalo, jajajjajjaja...

Los hombres pasaban las horas recordando su lejana y hermosa tierra. 
Algunas veces miraban hacia arriba, hacia lo alto del palo que sostenía la bandera nueva. 
Era roja y amarilla, descendiente directa de la vieja y buena bandera cuatribarrada de la Corona de Aragón, y al contemplarla allí arriba, flameando al viento helado del norte, a los dos hombres se les pasaba un poco el frío a causa del extraño calor que inundaba sus corazones.

Allí, lo más al septentrión que había llegado nunca España, estaban ellos, la Compañía Catalana de Voluntarios. 
Pasando más frío que un negro en el Polo Norte, empapados hasta el tuétano cuatro días de cada cinco, enmallados como el perro del afilador, con las encías hinchadas y sangrando por culpa del terrible escorbuto, helados, y lejos, tan lejos como no había llegado ningún otro compatriota. 
La Compañía estaba destinada en la isla con la misión de dejar, claro y cristalino como el agua de mayo a todo el que llegase, que aquel pedacito de tierra helada pertenecía al Virreinato de la Nueva España y por tanto al Rey. 
Y que, al que no se acercase con buenas o claras intenciones, lo recibirían a cañonazos.

La isla de Nutka se había convertido en un asunto de prestigio. 
Había que pararles los pies a los rusos pero sobretodo, a los ingleses, que ya andaban olisqueando aquellas aguas desde que Cook les había informado de que por allí arriba ni había monstruos legendarios, ni vacío infinito, ni paso al otro lado ni nada más que un inmenso mar que se helaba cuanto más se navegaba hacia el norte.

Por aquella razón estaban allí los voluntarios catalanes. 
Pasando las de Caín pero cumpliendo su tarea y su labor sin desfallecer ni un momento. Valientes, impávidos, recios, orgullosos y sintiéndose dentro más españoles que nadie.
Habían llegado a la isla en el año mil setecientos noventa, reconstruido el viejo y derruido Fuerte de San Miguel y reforzado las defensas con la artillería sacada de los barcos, luego habían hecho pactos o vencido a los indígenas de la isla, reparado el puerto y enviado emisarios a México con la noticia de que la isla, era de nuevo española.
Nutka se convirtió en el punto imprescindible de descanso y reabastecimiento de las numerosas expediciones españolas que exploraron, antes que nadie, el noroeste norteamericano.
A la isla arribaban nuestros compatriotas y allí se encontraban la hospitalidad y amparo de sus hermanos catalanes.

Y así, aguantando tempestades, fríos glaciales, lluvias torrenciales, trabajos y fatigas sin descanso, ataques esporádicos pero sangrientos por parte de algunas tribus enemigas, manteniendo siempre ondeando sobre el Fuerte de San Miguel la novísima enseña española, desafiando a los ingleses, a los rusos, a los indios, y al viento helado, la Compañía Catalana, estuvo destacada en la isla cuatro larguísimos años.
Por eso en los dibujos y láminas que se confeccionaron durante la famosa Expedición Malaspina, que recalaría en la isla de Nutka durante varios meses, salen dibujados soldados españoles que se cubren la cabeza con la típica barretina catalana.
Aquellos valientes que quisieron montar allí, en dónde San Jordi había dado las tres voces, una embajada.
Pero que no quisieron que representase a ninguna otra nación que no fuese la suya, España.

Supongo que a aquellas expediciones no se apuntaría ningún nacionalista de estos de hoy en día. En aquellos años no había subvenciones de por medio, solamente la certeza del peligro, la muerte y la ruina.
En aquello años todavía perduraba el viejo valor, la vieja gallardía, la antigua nobleza de los Condados Catalanes, los mismos que un día, hacía muchos, muchos años, de cuándo el tiempo de los moros y la Marca, escogieron ser españoles y no franceses.
Del tiempo que eligieron libremente compartir el mismo camino y la misma abrupta senda que encaraban aquellos locos castellanos, leoneses, aragoneses, asturianos, etcétera...
Que no había Cristo que lograse hacerse entender cuando discutían todos a la vez -a voces, claro- pero que también sentían por dentro, muy clavado en el fondo de las tripas, que un sentimiento extraño, inexplicable y ancestral les unía a todos ellos, como si, al mirarse, pudiesen reconocerse perfectamente los unos en los otros.

Por eso habían ido hasta allí los voluntarios. Allí tan lejos y tan frío aquellos catalanes se dejaron la piel y la vida defendiendo la misma bandera que hoy en día queman, insultan, pisotean y denigran sus educados, tolerantes y cultos descendientes.

¡Cómo hemos cambiado...!
A peor, claro...

A. Villegas Glez. 2012







2 comentarios:

  1. Es tarde ya para recordarles que por haberlo sido hasta hoy, son parte de España. Desde la Transición se han esmerado en educar a los niños, que hoy son hombres hechos y derechos, haciéndoles ver que España es su enemigo y parásito. Ya han olvidado que en los planes de desarrollo tras la guerra civil se crearon 3 focos industriales con la finalidad de que se expandieran por el resto del territorio nacional: 1 en MADRID, 2 en BARCELONA y 3 en BILBAO. Si algo son se lo deben al Franquismo.
    Salvo que las urnas nos den una sorpresa, han optado por seguir un espejismo para terminar favoreciendo a los únicos que se benefician de las secesiones: los oligarcas locales. Cuando se disipe el espejismo que siguen, verán que solo son lacayos de unas pocas familias de cuyos apellidos no quiero acordarme

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  2. Es verdad y es muy injusto cuando metemos a todos los catalanes en el mismo saco que nacionalistas e independentistas. Uno de los episodios más olvidados y heroicos de nuestra Guerra Civil fué el protagonizado por el Tercio de Montserrat, compuesto por carlistas catalanes...para quien quiera saber más que visite este link: http://www.lavoz.circulocarlista.com/historia-del-carlismo/historia-2/setentaycincoanosdeunaepopeyacodomerecelalaureada25-26deagosto1937-2011

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