sábado, 12 de noviembre de 2011

EL ÁGUILA DE SAN JUAN

A muchas personas el título ya les habrá sonado a chino... Otras en cuanto hayan visto la imagen que acompaña al texto se habrán echado las manos a la cabeza: ¡el aguilucho de Franco!, se habrán dicho escandalizados.

Sin embargo aquellos que hayan pensado así se equivocan. Y mucho.

Ni el águila ni el yugo ni las flechas tienen que ver nada con Franco ni con el régimen que gobernó España hace años, régimen que no fue ni el primero ni el último y ni el más bueno ni el más malo de todos los que que hemos sufrido los españoles a lo largo de nuestra larga y accidentada Historia.
Estos símbolos son mucho más viejos, con una solera de cinco siglos a la espalda. Una herencia que, como es normal en esta tierra, nos hemos encargado de pisotear, de mancillar, de destruir y de esconder. 
Águilas, yugos, flechas y hasta las Barras de Aragón, símbolos que llevaron el nombre de España por el mundo entero, que conquistaron continentes y que doblegaron poderosos imperios.

Hoy en día estos blasones históricos, que son trocitos de nuestro pasado, han sido casi borrados de la faz de la tierra y cubiertos por una capa de ignorancia sobre sus orígenes. Olvidados entre inútiles sistemas educativos que enseñan a nuestros hijos a ser más consumistas y aborregados pero les niega recuerdos gloriosos de su estirpe como lo fueron Lepanto o San Quintín.

Unos símbolos antiquísimos que durante siglos nos representaron a todos.
Hasta que llegó la Segunda República y se cargó el águila.
Porque era, y es, y aquí está el quid de la cuestión, un símbolo religioso.
Y es verdad.

El vilipendiado, perseguido, prohibido y borrado del mapa Águila de San Juan no es más que la representación del Evangelista. Ni más ni menos.
Resulta que Isabel de Castilla, que aquí entre nosotros fue de los mejores gobernantes que jamás tuvimos, desde niña era muy religiosa, en aquella España o eras devota cristiana o devota musulmana, a los judíos todo el mundo les arreaba, la religión tenía mucho, muchísimo peso social y estaba presente en cada aspecto de la vida cotidiana, ya saben eran los tiempos de la Reconquista...
El caso es que la Reina era una ferviente seguidora del Evangelio de San Juan y resulta que al santo varón que se le representa con un águila. Podría haber elegido un camello, un cerdo, un colibrí, un león o una cabra, pero no, a San Juan el Evangelista se le representa con un águila…

Y la devotísima Reina de Castilla eligió este ave para que figurase en su Escudo de Armas…

A Franco, Jose Antonio y los demás -incluidos Largo Caballero, Negrín o Azaña- les faltaban así como unos quinientos años para nacer y a su futura patria le quedaba todavía un largo y tortuoso camino por recorrer.

Ya que estamos les contaré también lo del yugo y las flechas. Símbolos que provocan más resquemor todavía que el águila.

A mí me da la risa cada vez que escucho a alguno hablar, muy sesudo y peripuesto, de la vergüenza que siente cuando puede ver-¡todavía¡, suelen exclamar compungidos- el yugo y las flechas en algún sitio: casa particular, monumento histórico o esquina de barrio… ¡Fascistas asesinos, anti-demócratas, perros judíos y etcéteras!, suelen salir por su boca ignorantes los insultos y las certezas equivocadas.

Pero para desesperación de revisionistas de la Historia y de demagogos, el yugo y las flechas son simplemente la representación escrita de la inicial de cada uno de los nombres de la mejor pareja real que nunca tuvimos. Ni más ni menos.
Cada uno eligió un objeto cuyo nombre comenzase por la inicial de sus nombres.

Así Fernando eligió las flechas, que empiezan con la letra efe. La reina Isabel eligió un yugo… Por Ysabel...

Por eso la reina eligió un yugo, no porque representase la explotación y el enorme y humillante peso del fascismo sobre las masas populares.Ya ven lo que son las cosas, ni por arrogante orgullo de señoritos ni por expoliación del pueblo oprimido.

Tan sencillo como una devoción y unas iniciales.


La granada, claro, la pusieron por la conquista de dicho reino que ponía fin a ocho siglos de guerra contra los moros.

También era un principio, el nacimiento de la primera gran potencia mundial, de una nación forjada con sangre y gloria. Una nación que se disponía a explorar lo que nadie se atrevía, una nación valiente, emprendedora, ambiciosa y orgullosa de sí misma hasta la arrogancia y profundamente católica. Una nación que empezaba a ser temida, respetada y también odiada, envidiada y copiada en sus gustos y sus maneras. Una nación que se merecía un águila como símbolo. 
Otra cosa no hubiese quedado igual.


Un águila que nos acompañó hasta que los gobiernos progresistas de la treintena del siglo veinte la quitaron.

Símbolo religioso, dijeron, ¡fuera!, dijeron.

De nada les importaron ni la sangre derramada bajo sus alas ni los siglos de Historia que había entre sus viejas plumas.

Luego llegó la Guerra Civil, que sería la enésima en esta tierra, y claro, como siempre hubo un bando ganador y un perdedor. 

El Águila de San Juan volvió más estilizado y agresivo, con aquellas alas en pico y también regresaron el yugo y las flechas, ahora apuntaban hacia arriba y no hacia abajo como en el original de los Reyes Católicos. Se ve que el General era algo supersticioso…

Ese detalle y el cartel al cuello con el lema: “Una, Grande y Libre”, son las únicas aportaciones del gobierno del General Franco al Escudo de España. Y no hay más. 
Por mucho que quieran convencernos de lo contrario.

Basta coger un libro de Historia, o darse una vuelta por un museo y mirar cuadros o leer libros.
Por las calles ya poco se puede encontrar. 
Los revisionistas armados con cinceles y leyes prefabricadas han conseguido acabar con casi todo. Me extraña que no hayan volado el sepulcro de los Reyes Católicos en Granada.

Aunque no lo diré muy alto, no vaya a ser que me oigan…

Ahora ya saben, cuando escuchen hablar del Águila de San Juan, ya saben ustedes que es el mismo, que aquí irreverentes e irrespetuosos, llamamos “el escudo del pollo”…


Digo yo que será del pollo que le montaron los Reyes Católicos a Boabdil y a su puñetera madre -la del poema-, del pollo que supuso para toda Europa que una panda de muy mal avenidos vecinos mirasen todos a la vez el Águila de San Juan que asomaba las alas sobre el Escudo de sus Reyes y decidieran comerse el mundo entero.

Del pollo que armaron en el mundo los que, bajo aquel escudo ostentaban el nombre de españoles...

A. Villegas Glez. 2011

Imagen: Escudo de Armas de los Reyes Católicos. 1492-1505


3 comentarios:

  1. Muy brillante exposición además de educativa. No conocía nada sobre el tema. Esto no lo enseñan en la egebé, pero deberían.

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  2. El águila también era en recuerdo de los padres de Isabel y Fernando. Ambos Juan II, de Castilla y Aragón

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  3. Sólo una puntualización, si bién es verdad que el simbolismo del yugo y las flechas tiene que ver con el nombre de los Reyes Católicos, la elección de dichos objetos fué al revés, es decir que Fernando eligió el yugo e Isabel las flechas. Así era la costumbre entre la nobleza de la Edad Media, se elegía un objeto como símbolo cuyo nombre empezase con la inicial del cónyuge.

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